El 24 de junio marca un aniversario más de la muerte de Carlos Gardel, reconocido como el gran embajador del tango argentino. A 91 años de su trágico accidente en Medellín, Colombia, su legado musical y cultural continúa siendo celebrado en todo el país.
Gardel, nacido como Charles Romuald Gardès el 11 de diciembre de 1890 en Toulouse, Francia, llegó a Argentina con su madre a los dos años. Creció en el barrio del Abasto, donde se empapó de las expresiones musicales locales, lo que sentó las bases para su carrera artística. Su apodo, ‘Zorzal Criollo’, fue otorgado por el payador José Betinotti, quien destacó su melodiosa voz.
La carrera de Gardel despegó en 1911 con la formación de un dúo junto a José Razzano, ganando popularidad en cafés y teatros de Argentina y Uruguay. En 1917, su grabación de ‘Mi noche triste’ marcó un hito en la historia del tango. Durante las décadas de 1920 y 1930, su fama se expandió por América y Europa, participando en exitosas giras y filmando películas con Paramount.
Una de las colaboraciones más recordadas de su carrera fue con el letrista Alfredo Le Pera, con quien creó clásicos como ‘Volver’, ‘Por una cabeza’ y ‘Mi Buenos Aires querido’, cuya popularidad trascendió el género del tango.
Gardel no solo fue un artista de talento, sino que también destacó por su cercanía con su público y su elegancia. Hasta el día de su muerte, su figura se convirtió en un símbolo, encapsulada en frases como ‘El tango es un pensamiento triste que se baila’.
El accidente de avión que terminó con su vida en 1935 generó una profunda conmoción, no solo en Argentina, sino en toda América Latina. Su mausoleo en el Cementerio de la Chacarita sigue siendo un lugar de peregrinación para admiradores que reverencian su legado.
La figura de Carlos Gardel sigue siendo un pilar de la cultura argentina y, a través de sus más de 900 canciones, continúa emocionando a nuevas generaciones. Su música perdura como un sello inmortal de la identidad nacional.

Fuente: Argentina.gob.ar – Cultura y color.

